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  • Esparducer Manzano

Adolescentes

La Organización Mundial de la Salud define la adolescencia como el periodo vital que va de los 10 a los19 años y que supone la maduración del ser humano desde la infancia hasta la adultez. Esta definición y sobre todo el periodo especificado están actualmente en tela de juicio por parte de muchos psicólogos porque parece que esta transición se ha alargado hasta los 25 años como mínimo. Las causas que se atribuyen a esta prolongación de la adolescencia se fundamentan en la complejidad de las sociedades actuales y su mutabilidad, la crisis de estruturas sociales claras y sólidas como por ejemplo la familia tradicional, las dificulatdes de emancipación de los jóvenes y la ampliación de las etapas formativas por la complejidad del mercado laboral y su saturación por generaciones anteriores. Si hay algo que define estas generaciones que ahora pasan por la adolescencia es la falta de certezas en los horizontes personales y que abarcan desde temas identitarios (¿Quién soy yo?) hasta proyectos vitales. Nuestra sensación como psicoterapeutas a menudo pasa por detectar estados de profunda desorientación personal y que se materializan en múltiples conductas. Y la pandemia ha sumado un factor más desorientador e inductor de inseguridad en nuestros adolescentes.

Es propio de esta etapa vital:

  • Un desprecio no deliberado por los autocuidados que van desde una alimentación deficiente a la minimización del peligro y realización de conductas de riesgo. Es el llamado sesgo de invulnerabilidad, por el cual el adolescentese cree que no puede ser dañado de ninguna manera.

  • Un egocentramiento que podríamos calificar de "egoísmo ingenuo" desde el que por un lado despuntan aquellos aspectos positivos de autoafirmación, gustos, deseos y objetivos que a menudo son motor de maduración y cambio con otros aspectos más relacionados con el desprecio por las normas, de los autocuidados o del respeto y cuidado de los demás en busca de la recompensa a corto plazo sin más planteamientos.

  • La construcción de un sistema de moral personal que le sirva de brújula para poder relacionarse con el mundo, consigo mismo y con los demás. Este sistema moral es fundamental en el proceso de socialización. Se trata de un código propio de normas genérico que nos hace funcionales y adaptados.

  • La incorporación de los demás en la vida propia ya no como objetos de los que conseguir cosas y cuidados sino con la conciencia del otro como ser humano independiente y diferente que sufre, vive y siente como uno mismo, y el desarrollo, entre otras funciones superiores, de la empatía. Esta es la otra pata fundamental del proceso de socialización.

Cada una de las facetas que acabamos de detallar está en constante evolución y en pleno desarrollo durante la etapa adulta pero es durante la adolescencia cuando la persona empieza a modular el egocentramiento para que sea funcional y no destructivo, adquiere más conciencia de su salud y fragilidad de la propia vida, construye su sistema de valores personal de manera realmente activa e incorpora a los demás en su vida: es una auténtica revolución. Este proceso está plagado de vicisitudes y se encuentra en desarrollo y debate constante en el mejor de los casos y en lucha interior en muchas ocasiones. Así se producen gran cantidad de batallas internas entre los deseos, las normas, los autocuidados o el respeto y atención a los demás en un sistema muy cambiante, que madura a menudo a saltos y con descompensaciones fruto inevitable de las vivencias, de las reflexiones y de la necesidad del ser humano de adaptarse a un entorno altamente complejo y a menudo demasiado incongruente o líquido.

Los cambios de humor, los virajes en los argumentos y en general los estados de confusión, profunda contradicción, y a menudo de sufrimiento son propios de la edad y consecuentes con los procesos mentales que la persona está llevando a cabo y reflejan la dificultad de dar cabida a lo propio dentro de la sociedad actual en la que vivimos. Pero a la vez son esta lucha, la discusión interna, el cuestionamiento, la incorporación de la experiencia y la reflexión las que hacen que el adolescente madure y llegue a la edad adulta en condiciones de autonomía psicológica. Lo que aprenda de este periodo sobre él mismo, el mundo y los demás, si el sistema es funcional, le servirá toda la vida.

Las crisis que puedan desarrollar en este periodo pueden estar relacionadas con descompensaciones serias de las facetas mencionadas ya sea por sucesos que no pueden ser incorporados a la propia construcción personal, por problemas ya intrínsecos de cada faceta más o menos profundos y con diversos orígenes que acaban manifestándose en este momento o por cualquier combinación de ambos factores. Estas crisis producen sufrimiento, falta de adaptación, interrupción en el desarrollo, conductas violentas, consumo de drogas y/o involuciones en el adolescente como respuesta de su sistema a la imposibilidad de seguir madurando positivamente. Ciertamente el ser humano tiene muchísimas herramientas para solucionar estas vicisitudes pero a veces el problema excede las capacidades de la persona y su entorno, y se requiere ayuda especializada de un profesional que ayude a resolver, a integrar la experiencia e incluso promueva cambios profundos en la persona. Los psicoterapeutas no entramos en el contenido específico de cada faceta si no en que sean funcionales y estén adaptadas a su entorno, estén compensadas, se hablen entre ellas y lleven a la autonomía psicológica en un futuro más o menos cercano.

Cabe decir que en la mayoría de los casos el trabajo con adolescentes, si son conscientes de la necesidad de cambio y se sienten preparados para hacer este trabajo terapéutico, suele ser muy fructífero y agradecido, por lo que el pronóstico suele ser bueno. Así, acaban incorporando lo aprendido en terapia en su propia construcción enseñándoles a pensar, a cuestionarse, a ser autocríticos, humildes valorándose a la vez, y a conducirse por la vida de una manera adaptativa y congruente con ellos mismos, así como a disponer de herramientas más potentes para poder integrar aquello que pueda venir, a desarrollar su proyecto vital y a vivir en plenitud.





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